8 de Marzo 2026 por Daniel Jorge

Ella Christie: la escocesa que conquistó la Ruta de la Seda

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Con motivo del Día Internacional de la Mujer, quiero rendir un humilde homenaje a una viajera que, maleta en mano, se adentró sola en los desiertos de Asia Central en una época cuando eso era inaudito.

Isabella “Ella” Robertson Christie (1861–1949), escocesa de nacimiento, fue una de ellas. Exploradora, escritora, jardinera y latifundista, Ella vivió casi nueve décadas y dedicó buena parte de ellas a recorrer el mundo en una época en que las mujeres de su clase social se suponía que debían quedarse en casa. Fue criada en el castillo de Cowden y recibió su educación en casa junto a su hermana Alice. Desde pequeña acompañó a sus padres por Europa, y ese apetito por lo desconocido no hizo sino crecer con los años. Cuando su madre murió y su hermana se casó, Ella no se encerró en el luto: siguió viajando, primero con su padre, luego sola o con alguna amiga. El mundo era grande y ella sentía ansias por verlo.

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Antes de su paso por Asia Central, Ella ya había recorrido medio continente asiático. Kashmir, Tíbet, Malasia, Borneo, China, Corea y Japón formaron parte de su currículo viajero. En 1907 visitó Japón, y quedó tan fascinada por la tradición de sus jardines formales que a su regreso contrató a Taki Handa, de la Real Escuela de Diseño de Jardines de Nagoya, para recrear uno en los terrenos de castillo de Cowden. Este jardín llegó a ser considerado como el mejor jardín japonés del hemisferio occidental. Ella Christie no hacía las cosas a medias.

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El jardín japonés de Cowden en la actualidad

Pero si hay un capítulo de su vida que la consagra como una de las grandes viajeras del mundo, ese es el de sus dos periplos al Turkestán ruso, en 1910 y 1912. El solo hecho de planificarlas era por sí una aventura burocrática: necesitaba permisos especiales de las autoridades zaristas para circular por territorios que el Imperio ruso vigilaba con recelo. En 1910, con el equipaje más pragmático imaginable (una cama de campaña, un hornillo de alcohol, avena, galletas, mantequilla y un samovar para hervir el agua), Ella partió de Constantinopla. Cruzó el Mar Negro, atravesó Georgia y llegó al Mar Caspio, para embarcarse hacia Ashkabad. Desde allí, siguiendo en buena medida el trazado de la antigua Ruta de la Seda, se adentró en el desierto de Turkestán y visitó Merv, Bujará, Samarcanda y Kokand, hasta alcanzar Andhizán, en la frontera con el Turkestán chino. En Merv tuvo tiempo incluso de jugar al tenis con el príncipe Bariatinsky, administrador del feudo imperial. Ella Christie tenía el don de moverse con igual soltura entre generales rusos y mercaderes del bazar. Dos años después regresó a Escocia.

Su segunda incursión en Asia Central tuvo lugar en el año 1912. Partió desde San Petersburgo y recorrió más de 4.800 kilómetros en tren hasta Tashkent. Luego, en vapor militar y en droshky (un sencillo carruaje ruso de dos ruedas), se dirigió a Samarcanda y de allí a Jiva. Se dice que fue la primera mujer británica en visitar el Kanato de Jiva, un enclave de palacios de azulejos turquesa y minaretes que el mundo exterior apenas conocía.

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Ella Christie de camino hacia Tashkent en droshky. Through Khiva to Golden Samarkand

Lo que Ella encontró en aquellos territorios no fue sólo exotismo de postal. Era un mundo condenado a la extinción. El “progreso” borraría en pocos años buena parte de lo que ella documentó con ojo minucioso: la vida en los bazares, las audiencias con los kanes, los rituales cotidianos de pueblos que llevaban siglos mirando pasar las caravanas. Así pues, sus notas y fotografías son hoy documentos de valor histórico.

Todas estas experiencias culminaron en 1925 con la publicación de su relato de viajes bajo el título Through Khiva to Golden Samarkand, obra que ha sido reeditada en varias ocasiones y que ocupa un lugar destacado entre los testimonios de las viajeras de otros tiempos.

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Las ruinas de la mezquita de Bibi Janum, Samarcanda. Su restauración comenzó en 1974. Through Khiva to Golden Samarkand

Por este hecho, Ella Christie tuvo el honor de ser nombrada miembro de la Royal Scottish Geographical Society (RSGS) durante 44 años y, en 1913, formó parte del primer grupo de mujeres admitidas en la Royal Geographical Society, en un momento en que esa institución acababa de abrir sus puertas a las mujeres tras décadas de exclusión. Así mismo, en 1934 fue nombrada vicepresidenta de la propia RSGS, cargo que ocupó hasta su muerte.

Ella Christie murió en Edimburgo en enero de 1949, a los 87 años. En un época en que viajar sola como mujer era un acto casi subversivo, Ella Christie desarolló en esta actividad su modus vivendi. Además de sus libros, su legado perdurable se encuentra en el Jardín Japonés de Cowden, que en 2019 abrió restaurado gracias a una campaña impulsada por una miembro de su familia. Quizá su nombre no sea muy conocido en el mundo hispano-parlante, pero espero que este artículo haya servido para darte a conocer a otra viajera fascinante.

¿Conocías a Ella Christie? Si te ha picado el gusanillo, su libro Through Khiva to Golden Samarkand está disponible en una edición reciente de John Murray.

Referencias
  • Wikipedia
  • Through Khiva to Golden Samarkand: The remarkable story of a woman’s adventurous journey alone through the deserts of Central Asia to the heart of Turkestan (1925), Ella Christie. Sitio Archive.org

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