15 de Julio 2026 por Daniel Jorge
Nikolái Katánov y su expedición lingüística al Turquestán en 1889

En 1889 un joven atípico partió desde San Petersburgo hacia las estepas de Siberia con un puñado de cuadernos y un encargo científico bajo el brazo. No era, como la mayoría de los exploradores de su época, un europeo que miraba Asia Central con ojos de foráneo. Se trataba de un jakasio, nacido a orillas del río Abakán en el corazón de Siberia meridional, hijo de las mismas tribus túrquicas que se dirigía a estudiar. Su nombre era Nikolái Fiódorovich Katánov, y su expedición de 1889 a 1892 quizá sea uno de los episodios menos contados de la exploración académica de Asia Central.
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| Fotografía de un joven Nikolái Katánov |
Katánov nació el 18 de mayo de 1862 cerca de la aldea de Askiz, dentro del territorio tradicional de los jakasios, un pueblo túrquico de la cuenca del río Yeniséi. Su padre era de la tribu sagai; su madre, kasin (o kas). Dos ramas de un mismo pueblo que durante siglos había vivido entre las montañas y los ríos de la Siberia del sur, con su propio idioma y folclore.
Se dice que ya de joven poseía una gran capacidad intelectual. Estudió con dedicación y, en 1884, terminó el bachillerato en Krasnoyarsk con medalla de oro. La Universidad de San Petersburgo lo acogió en su Facultad de Lenguas Orientales, donde fue alumno y luego discípulo de Vasily Radlov, el gran turquicólogo de aquella época. Cuando terminó sus estudios en 1888, Radlov tenía claro quién era el candidato ideal para la misión que llevaba años preparando.
Radlov había presentado a la Sociedad Geográfica Rusa un argumento que tenía más de llamada de socorro que de propuesta académica. Los pueblos túrquicos de Siberia y del Turquestán Oriental estaban cambiando. Sus dialectos habían comenzado a sufrir bajo la presión de los grandes imperios (el ruso, el chino) y nadie había documentado aún de forma rigurosa lo que quedaba. Había que actuar antes de que fuera tarde.
En diciembre de 1888, un decreto imperial autorizó a Katánov a viajar al Turquestán Oriental. La Academia de Ciencias, la Sociedad Geográfica y el Ministerio de Instrucción Pública financiaron conjuntamente la expedición. Y en 1889, Katánov emprendió el camino.
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| Fotografía de Nikolái Katánov en 1888. Wikimedia Commons. |
Los primeros meses del viaje los dedicó a su propia tierra natal, Jakasia, antes de adentrarse más al sur, hacia Tuva. Este era entonces un territorio casi desconocido para la ciencia, donde vivían los llamados uruanjai, o tuvanos. A Katánov se le presentó entonces la oportunidad de registrar una tradición oral viva, exuberante, que había pasado desapercibida para los académicos del momento.
En sus cuadernos de Tuva fueron acumulándose cuentos épicos, canciones chamánicas, proverbios, fórmulas rituales. Katánov trabajaba con una metodología doble. Por un lado, recogía los textos con precisión fonética; por el otro, los acompañaba de notas etnográficas sobre el contexto en que se usaban, quién los cantaba, en qué momento de la vida social, etc. Katánov intuía que una lengua no era solo gramática y vocabulario, sino todo un mundo de significados que se nutría de la propia cultura de un pueblo. Aquí Katánov contaba con una ventaja evidente; hablaba como nativo de variedades emparentadas con las lenguas que estudiaba, lo que le permitía crear una confianza con sus informantes que habría sido imposible para un etnógrafo europeo. La gente le cantaba, contaba y explicaba. Y él tomaba nota de todo.
En la primavera de 1890 se desplazó a la taiga de Kansk para documentar a los tofalar, otro pequeño pueblo túrquico siberiano de menos de mil individuos al borde de la desaparición lingüística. Pocos investigadores habían llegado hasta ellos; Katánov fue de los primeros en registrar su variedad dialectal con detalle.
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| Dos mujeres tofalar |
El siguiente objetivo de Katánov era el más ambicioso, el Turquestán Oriental, lo que hoy se conoce como Xinjiang. Allí sobrevivían comunidades de hablantes túrquicos (uigures, entre otros) cuyas variedades lingüísticas apenas habían sido estudiadas. Sin embargo, cuando Katánov llegó a Urumchi, las autoridades chinas le cortaron el paso, necesitaba un permiso expedido directamente desde Pekín.
Lejos de rendirse, se instaló en el lado kazajo de la frontera con china y aprovechó el tiempo de espera para continuar trabajando. En Tacheng (Chuguchak) y Yining (Kulja), en las zonas de influencia rusa junto a la frontera, documentó el folclore de los kirguís y de otras comunidades túrquicas de la región. Aunque la burocracia imperial lo había detenido en su viaje, no le pudo impedir la continuación de su trabajo de investigacón. A finales de 1891, llegó por fin el salvoconducto firmado en tres idiomas: ruso, chino y manchú. En marzo de 1892, Katánov pudo finalmente cruzar la frontera.
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| Nativos de Hami en 1889-1890. Fotografía de la expedición de Grumm-Grzhimailo. |
En Hami y Turfán, en el corazón de la cuenca del Tarim, Katánov realizó el trabajo más original de toda la expedición. Documentó variedades túrquicas locales que ningún lingüista había descrito con rigor hasta entonces, recogió textos orales de tradición islámica mezclada con elementos pre-islámicos, y tomó nota de vocabularios, estructuras gramaticales y variaciones fonéticas que permiten reconstruir, aún hoy, el estado de aquellas lenguas a finales del siglo XIX. Por desgracia, los diarios de campo de Hami y Turfán no han llegado hasta nosotros. El rastro escrito se interrumpe justo en el momento más rico de la expedición.
Katánov regresó a Rusia en 1892 tras cuatro años de trabajo de campo a sus espaldas. Sus cartas desde la expedición se publicaron en San Petersburgo en 1893. Mas adelante, se incorporó a la Universidad de Kazán, donde enseñó durante décadas y publicó sus trabajos. En 1903 presentó su tesis doctoral sobre la lengua tuva (Un intento de estudiar la lengua urianjai, indicando sus principales relaciones con otras lenguas de origen turco). En 1907 publicó una gran selección de los cuentos populares recopilados en Siberia.
Las colecciones de ropa tradicional que reunió a lo largo del viaje se conservan todavía en el museo Kunstkamera de San Petersburgo. Y los manuscritos de sus diarios tuvanos, rescatados del archivo del museo y publicados por fin en 2011, nos permiten asomarnos a aquellas noches en las yurtas donde alguien le cantaba una epopeya y él, con su pluma y su doble identidad, la fijaba en el papel para siempre.
Nikolái Katánov murió en Kazán en 1922. Hoy la Universidad Estatal de Jakasia lleva su nombre. Fue el primer científico jakasio de la historia moderna, y quizá el más importante.





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