16 de Enero 2026 por Daniel Jorge

La Expedición Sino-Sueca de 1927-1935 - IV

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Este artículo es la última parte de la serie monográfica que describe la historia de la última expedición de Sven Hedin en Asia, entre 1927 y 1935.

Durante la Expedición Sino-Sueca de Sven Hedin en China en 1933, la invasión japonesa y la inestabilidad política crearon una situación precaria. Hedin notó en su diario que las fuerzas japonesas se acercaban a Pekín, lo cual le generó una gran ansiedad. Para proteger los artefactos de la expedición, se izaron banderas suecas sobre las instalaciones de la universidad donde se alojaban.

La expedición estaba terminando su trabajo de campo, pero Hedin se preocupaba por el destino de uno de sus miembros, el astrónomo Ambolt, que llevaba ocho meses desaparecido, aunque luego se supo que estaba a salvo. A pesar de que la expedición había terminado, Hedin enfrentaba problemas financieros y la urgente necesidad de fondos para un viaje final planeado a Lop Nor. La Gran Depresión dificultaba la búsqueda de patrocinadores, pero Hedin se negaba a posponer el viaje, pues sentía que estaba en una carrera contra el tiempo tanto por la situación política en China como por su propia edad.

Después de seis años de trabajo y múltiples problemas financieros, Sven Hedin creía haber encontrado una posible solución para su última expedición. En agosto de 1933, viajó a Nankín para reunirse con altos funcionarios del Gobierno chino. Su objetivo era obtener financiación para un viaje en automóvil a Xinjiang, una región que en aquel momento estaba al borde de una guerra civil. Hedin persuadió al Gobierno chino, incluyendo al Ministro de Asuntos Exteriores y al Primer Ministro Wang Jingwei, de que la expedición no sólo le beneficiaría a él, sino que era vital para China. Argumentó que su plan de crear una carretera a lo largo de la Ruta de la Seda permitiría al Gobierno enviar tropas y defender la provincia, que estaba en riesgo de perderse, como ya había sucedido con Tíbet (1912), Mongolia Exterior (1911) y Manchuria (1933).

El Gobierno chino se mostró entusiasmado y prometió cubrir todos los costos de la expedición, lo que sorprendió enormemente a Hedin. Sin embargo, la euforia inicial se desvaneció rápidamente. La burocracia gubernamental retrasó la toma de decisiones, y las semanas pasaron sin avances. Hedin, que se sentía frustrado y acosado por deudas, amenazó con cancelar la expedición si no se actuaba de inmediato. Aunque tenía la esperanza de que el proyecto no sólo le permitiera confirmar sus teorías científicas, sino también saldar sus deudas y asegurar un futuro próspero, la incertidumbre y los continuos retrasos lo llevaron a dejar Nankín y regresar a Pekín. A pesar de todo, mantuvo la esperanza de que su amigo y patrocinador Axel Johnson pudiera conseguir un contrato para la construcción de la carretera a Xinjiang.

El 31 de agosto de 1933, Sven Hedin finalmente recibió la aprobación del Gobierno chino para su nuevo viaje, que sería dirigido por él como «Asesor del Ministerio de Ferrocarriles». Al día siguiente, Hedin comenzó los preparativos, comprando cuatro vehículos Ford y seleccionando a los miembros del equipo: cuatro suecos, incluyendo al mecánico Efraim Hill, y tres chinos, entre ellos el astrónomo Parker Chen.

Hedin buscó dar la mayor publicidad posible a la expedición. Envió sellos conmemorativos al presidente electo de Estados Unidos, Franklin Roosevelt, quien respondió con un telegrama deseándole éxito. Hedin también recibió un telegrama del Primer Ministro sueco Arvid Lindman, prometiendo ayudar con sus deudas.

El 19 de noviembre de 1933, la expedición de Sven Hedin se encontraba en la estepa de Mongolia Interior, enfrentando temperaturas gélidas. Su misión, encargada por el Gobierno chino, era trazar una ruta hacia Hami y, de regreso, una carretera a lo largo de la Ruta de la Seda. Hedin tenía ocho meses para completar el trabajo.

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Camello para transportar la gasolina de la expedición en 1933. History of the Expedition in Asia, 1927-1935: vol.3.

Poco después de partir, los vehículos de la expedición tuvieron un percance en un arroyo helado, dañando gravemente uno de los camiones. El conductor, Söderbom, fue enviado a Pekín y Tianjin a buscar repuestos y un nuevo camión. El resto del equipo continuó lentamente hacia el oeste. Söderbom regresó un mes después, no sólo con un camión reparado, sino también con un camión Ford nuevo, un regalo del propio Edsel Ford que fue bautizado con su nombre.

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Georg Söderbom realiza una reparación sobre un vehículo de la expedición (1934). History of the Expedition in Asia, 1927-1935: vol.3.

Con el equipo completo, la expedición continuó su camino, llegando al oasis de Etsin Gol (río Ejin) a tiempo para celebrar la Navidad. Después de unos días de descanso, atravesaron el desierto de Gobi, cartografiando la ruta y enfrentando la arena voladora que cubría el camino. El 6 de febrero, finalmente llegaron a Hami, sin tener claro el estado de la guerra civil en la región. En las afueras de la ciudad, un grupo de soldados los detuvo, les confiscaron las armas y los interrogaron. Fue entonces cuando el sueco se dio cuenta de que su suerte estaba echada en la tierra controlada por el general rebelde Ma Zhongying.

Después de ser detenida por soldados en Hami, la expedición de Sven Hedin fue recibida por un comandante que hablaba alemán. Aunque les ofrecieron la libertad para regresar, Hedin estaba decidido a continuar hacia el oeste para alcanzar su objetivo: Lop Nor. Con el pretexto de que su misión incluía investigar carreteras en la provincia, convenció a los miembros de su equipo para seguir adelante.

En el camino hacia Turfán, fueron escoltados por soldados, lo que les protegió de los bandidos. Una vez en Turfán, se reunieron con el líder rebelde general Ma Zhongying, o «Caballo Grande», y otros oficiales. Hedin notó que la ciudad estaba desolada debido a la guerra civil. Aunque se negó a prestar un coche, vendió gasolina a Yolbar Khan, uno de los líderes locales, por temor a que se la confiscaran.

En su 69 cumpleaños, el 19 de febrero, Hedin fue agasajado con un banquete. A pesar de la hospitalidad, se dio cuenta de que la posición de Ma Zhongying era débil. Decidió no dirigirse hacia Urumchi y, en su lugar, planificó una ruta hacia el sur y el oeste, en dirección a Kashgar. El 22 de febrero, la expedición partió de Turfán con una escolta militar, aunque Hedin se sintió inquieto por la presencia de estos guardias.

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Un camión de la expedición conduce por una carretera estrecha en las cercanías de Turfán (1934). History of the Expedition in Asia, 1927-1935: vol.3.

La expedición continuó su viaje a través de un paisaje devastado por la guerra civil. Sin embargo, el mayor peligro no eran los combates, sino su propia escolta de seguridad, liderada por un hombre llamado Chang. La imprudencia de los guardias, que disparaban sin motivo, casi le cuesta la vida a uno de los miembros de la expedición. La hostilidad de Chang quedó clara cuando un cocinero escuchó que planeaba «dar una lección» a los extranjeros.

Al llegar a Korla en marzo de 1934, un caos total reinaba en la ciudad. Hedin planeaba una breve parada para un descanso. Fue entonces cuando un miembro de su equipo le informó de una exigencia de Chang: que se le proporcionara un camión con gasolina y conductor. Chang explicó que el general rebelde, Ma Zhongying, lo había ordenado para acelerar su viaje. Hedin entendió entonces el trato «amable» que habían recibido con anterioridad: Zhongying necesitaba los coches de la expedición como un posible medio de escape.

Hedin se negó, citando su acuerdo de estricta neutralidad con el Gobierno de Nankín. Esa noche, soldados de Chang invitaron a Hedin a una reunión, pero que en realidad era una trampa. A pesar de sus dudas, Hedin, junto con algunos miembros de su equipo, decidió ir. Al llegar a la casa donde se alojaba Chang, se encontraron con un ambiente tenso: la entrada estaba fuertemente vigilada y había numerosos soldados en el interior y en el patio, lo que presagiaba un enfrentamiento inminente.

En un ambiente tenso, el comandante Chang volvió a insistir en que Hedin le prestara un camión, alegando órdenes explícitas del general Ma. Hedin se mantuvo firme, negándose una vez más con el argumento de la neutralidad. Enojado, Chang le advirtió que la orden de su líder sería obedecida sin importar qué.

En ese momento, la situación se intensificó. La negativa de Hedin ya no era sólo por un camión, sino una lucha de poder. Hedin se levantó y salió de la habitación sin mirar a Chang. Cuando él y su equipo (Yew, Söderbom y Hill) intentaron subir a su coche, fueron atacados por los soldados de Chang. Los arrastraron al patio, les golpearon, les rasgaron la ropa y les ataron las manos.

Con las armas apuntándoles y sus vidas en peligro inminente, Hedin se dio cuenta de que no tenía otra opción. Gritó a Söderbom que cedieran el camión para salvar sus vidas y las de sus jóvenes colegas. El miedo a morir era más fuerte, y Hedin sacrificó su postura inicial para evitar el trágico final que parecía inevitable.

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Cuartel donde Hedin y sus hombres fueron prisioneros en Korla (1934). History of the Expedition in Asia, 1927-1935: vol.3.

Tras ceder el camión, Hedin temió por la vida de Georg Söderbom, quien se marchó como conductor de Chang. Sin embargo, unos días después, Söderbom regresó de forma inesperada. Resultó que las fuerzas de Sheng, apoyadas por Rusia, habían vencido al ejército de Ma Zhongying y cortado la carretera. Ante esta situación, Chang liberó a Söderbom, quien regresó rápidamente antes de que pudieran darle una contraorden.

La expedición se reunió, pero su situación se volvió aún más peligrosa. Hedin decidió regresar al este, hacia el desierto de Lop, esperando estar a salvo. No obstante, en el camino fueron atacados por sorpresa. Un intenso tiroteo se desató, con balas que llegaron a alcanzar sus vehículos. Hedin se dio cuenta de que los soldados necesitaban un pretexto para matarlos y decidió que la expedición no debía responder al fuego.

Tras nueve minutos de tiroteo, los disparos cesaron y un soldado desarmado se acercó. Les explicó que tenían órdenes de regresar a Korla de inmediato. A pesar de las protestas, la expedición no tuvo más remedio que obedecer. Cuatro horas después, regresaban a Korla, pero esta vez no como huéspedes, sino como prisioneros de «Caballo Grande».

El 13 de marzo, la expedición de Hedin fue informada de que el general Ma Zhongying había llegado a Korla y exigía sus cuatro camiones para escapar a Aksu. Poco después, aviones con insignias soviéticas bombardearon la ciudad. Hedin hizo que se desplegara una gran bandera sueca en el patio para que los pilotos supieran que había extranjeros. El bombardeo duró media hora, pero no alcanzó el campamento de la expedición.

Tras el ataque, los camiones fueron entregados al general rebelde, a pesar de la inquietud de Hedin por sus conductores. Acompañó a los vehículos con un sentimiento de angustia, sabiendo que el acto, aunque forzado, podría ser interpretado por el otro bando como un apoyo a los rebeldes. Temió que su expedición quedara atrapada entre dos fuegos.

A los pocos días, Korla fue capturada por las fuerzas de Sheng, que tenían apoyo ruso. Hedin fue interrogado por el comandante, el general Volgin, quien se mostró tranquilizador. Prometió que devolverían los camiones si los encontraban y confiscó los pasaportes de la expedición para enviarlos a Urumchi. Dos días después, Hedin fue interrogado de nuevo por el general Bekteiev, quien se mostró suspicaz sobre la misión de la expedición en medio de la guerra. Hedin argumentó que actuaban como neutrales, adaptándose a la realidad sobre el terreno, y que su objetivo ahora era encontrarse con el gobernador Sheng en Urumchi. El general se comprometió a preguntarle al gobernador si los recibiría.

coche atascado en una carretera inundada en Korla, 1934
Carretera inundada en Korla (1934). History of the Expedition in Asia, 1927-1935: vol.3.

La conversación con el general Bekteiev duró más de tres horas. Bekteiev le explicó a Hedin cómo los rusos blancos y los soviéticos estaban cooperando para un objetivo común. También le recordó a Hedin que se habían conocido antes en Urumchi en 1928, cuando Bekteiev había intentado unirse a su expedición a Lop Nor. Con un tono amigable, el general insinuó que las cosas habían cambiado y que ahora él podía ayudarlo a llegar a Lop Nor.

A pesar de su aparente cordialidad, Hedin y su equipo siguieron prisioneros en Korla, ahora bajo la vigilancia de cosacos rusos. Sin embargo, en los días siguientes, la situación mejoró: los cuatro camiones y los conductores que se había llevado a «Caballo Grande» fueron liberados y regresaron. Además, el gobernador Sheng, de Urumchi, envió un mensaje sugiriendo que la expedición se dirigiera a Lop Nor, ya que el camino a su ciudad seguía siendo peligroso. Esta era la señal que Hedin tanto deseaba, ahora, por fin, podría completar su misión.

A fines de la tarde del 5 de abril, Hedin lanzó su flota de 14 canoas en el río Tarim, cerca del asentamiento conocido con el nombre de Yuli. Esta era la parte más importante de su expedición: por fin confirmaría su teoría de que el lago Lop nor era un lago errante. A pesar de los peligros, Hedin estaba emocionado y feliz de emprender un viaje que era una «apuesta» con un toque de aventura. El resto de la expedición se dirigía a un punto de encuentro, mientras que él y tres miembros de su equipo descendían por el río.

Mientras navegaban, un remero exclamó: ¡Ördek kelldi!. Al principio, Hedin pensó que se trataba de patos salvajes, pero se dio cuenta de que se referían a Ördek, su antiguo sirviente de una expedición de 1899. Treinta y dos años después, Ördek, que había esperado su regreso, lo reconoció. Hedin y su antiguo sirviente conversaron durante horas sobre sus vidas y experiencias compartidas, en un reencuentro que combinaba el viaje actual con un nostálgico viaje al pasado.

Sven Hedin en canoa sobre el lago Lop Nor, mayoo 1934
Flotilla de la expedición sobre el río Konche Darya camino del lago Lop Nor (abril 1934). History of the Expedition in Asia, 1927-1935: vol.3.

Las noches alrededor de la fogata, Ördek, el antiguo sirviente de Hedin, contó historias sobre sus hallazgos arqueológicos en el desierto, impulsado por el sueño de encontrar plata y oro. Describió una necrópolis con ataúdes de madera apilados, que contenían cadáveres bien conservados vestidos con coloridos trajes de seda, junto con templos y ruinas. Aunque Hedin consideró algunas de sus historias como fantasías, envió a Folke Bergman y a Söderbom a investigar. A pesar de que Ördek no pudo encontrar los lugares de nuevo, Bergman, con otro guía, logró localizar la necrópolis que Ördek había descrito. De 120 tumbas, sólo una estaba intacta; el resto habían sido saqueadas. Los hallazgos confirmaron que los habitantes no eran de origen chino.

Mientras tanto, Hedin continuó su viaje en el río, y su flota descubrió los restos de una casa y una tumba en una isla. Excabaron quince cráneos y varios objetos, y luego, en otro lugar, encontraron un ataúd con el cuerpo bien conservado de una joven. La joven, que medía 1,60 metros y tenía un tocado en la cabeza, fue fotografiada y devuelta a su tumba. Al día siguiente, encontraron otro cuerpo momificado y los restos de un antiguo fuerte. La expedición continuó navegando por el desierto, observando la densa vegetación de la orilla y la fauna local, como un jabalí que cruzó su camino.

La expedición de Sven Hedin se encontraba en el delta del río, buscando el camino a través de una red de canales y lagos. Después de diez días, Hedin finalmente pudo ver el gran lago de Lop Nor. Este hallazgo fue un gran triunfo científico para él, ya que confirmaba su teoría de que el lago «migraba» de un lugar a otro. Era una suerte increíble que este fenómeno, que solo ocurría cada 1000 años, se presentara justo durante su vida.

Aunque Chen visitó las ruinas de Loulan, Hedin, a sus 69 años, no se sentía con fuerzas para hacer el viaje de 150 kilómetros a pie por el desierto. En su lugar, decidió navegar por el lago. A finales de mayo, después de dos meses, era momento de dejar Lop Nor y dirigirse a Urumchi para encontrarse con el gobernador Sheng, tal como lo habían planeado.

Sven Hedin en canoa sobre el lago Lop Nor, mayo 1934
Sven Hedin en canoa sobre el lago Lop Nor (mayo 1934). History of the Expedition in Asia, 1927-1935: vol.3.

El 6 de junio, la expedición de Sven Hedin llegó a Urumchi. Inicialmente, el gobernador Sheng le dio una cálida bienvenida y le prometió los recursos que necesitaba. Sin embargo, las entregas no se concretaron, y Hedin se dio cuenta de que no era bienvenido. A pesar de que Hedin sospechaba que era prisionero debido a su anterior apoyo forzado al general Ma, el verdadero motivo era que se le consideraba un espía del gobierno de Nankín, que según los rumores, planeaba invadir Xinjiang para evitar que cayera bajo control ruso.

Hedin estuvo retenido durante casi cinco meses. A pesar de que la expedición era transparente y Hedin no tenía nada que ocultar, el gobernador Sheng lo vigilaba. Hedin sospechaba que el gobernador lo retenía como rehén en caso de una invasión de Nankín. Un mes después de su llegada, se le permitió partir por unos días para rescatar a David Hummel, quien necesitaba atención médica. Tras un nuevo retraso, Sheng finalmente les permitió a Hummel y a Bergman abandonar la provincia. Hedin, por su parte, logró su propia liberación gracias a la intervención del Cónsul General soviético, ya que la influencia rusa en Xinjiang era significativa.

Durante su cautiverio, el límite de tiempo permitido a la expedición se había agotado y el dinero volvía a escasear. Hedin pidió más fondos a Nankín y, ante la amenaza de dimitir, le fueron concedidos. Para reponer el dinero en metálico, vendió un camión a Sheng y otro fue desmantelado para piezas. No fue hasta el 21 de octubre, una vez más con una expedición diezmada y sin la compañía de Hummel ni de Bergman, que Hedin partió hacia el este, en dirección a Anxi y Dunhuang, para planear su viaje de regreso a Xinjiang.

Para no levantar sospechas y evitar que el gobernador Sheng se enterara de sus intenciones, Sven Hedin mantuvo en secreto su plan de cartografiar la antigua Ruta de la Seda que conectaba Dunhuang y Korla. Oficialmente, la expedición regresaba a casa, y como pretexto para su desvío hacia el oeste, Hedin afirmó que quería visitar las cuevas de Dunhuang.

Una vez en Dunhuang, y tras reabastecerse de combustible, la expedición partió hacia el oeste. Hedin optó por una ruta al norte, a través de la cordillera de Pei Shan (Beishan), esperando un terreno más favorable y con la motivación de ser el primero en atravesar esa zona. Durante el viaje, se encontraron con un grupo de bandidos, que los observaron de cerca durante varios días. La expedición avanzó con dificultad, quedándose atascada en varias ocasiones y sin poder encontrar el rastro que Hedin había dejado 34 años antes.

Después de un mes, llegaron a los límites occidentales de la cordillera, a solo 22 kilómetros del oasis de Altimisch Bulak. En ese punto, Hedin decidió dar la vuelta, ya que no quería arriesgarse a ser arrestado de nuevo por el gobernador Sheng, y además, los coches no estaban en las mejores condiciones. Como despedida para los futuros constructores de carreteras, dejaron una pirámide hecha de barriles de gasolina vacíos. Hedin consideró que, a pesar de no haber completado el recorrido, ya tenía suficiente información sobre el terreno para afirmar que era apto para una carretera moderna.

En menos de una semana, Hedin y su equipo completaron la ruta a Anxi. El 18 de diciembre, partieron hacia el este por el tramo de la Ruta de la Seda conocido como el «Camino Imperial», un viaje de 150 kilómetros que les tomó casi dos meses debido a las difíciles condiciones invernales. El 8 de febrero de 1935, por fin, llegaron a Xian, la antigua capital china.

Puente en las cercanias de Anxi, noviembre 1934
Puente en las cercanías de Anxi (noviembre 1934). History of the Expedition in Asia, 1927-1935: vol.3.

Hedin soñaba con que su expedición inspiraría una carretera que conectara Europa con China. Dejando atrás los coches, tomaron un tren a Nankín. A punto de cumplir 70 años, Hedin sabía que esta sería su última gran aventura. Su objetivo ahora era organizar el vasto material científico que la expedición había recolectado durante los últimos ocho años, preparándose para regresar a Suecia y enfrentar las deudas que había dejado atrás.

Cuando Sven Hedin llegó a Nankín en febrero de 1935, se reunió con dos figuras políticas importantes de China. Primero, se encontró con el presidente Lin Sen en Nankín. Al día siguiente, viajó a Hangzhou en un avión especial para reunirse con el líder Chiang Kai-shek. En su reunión con este último, Hedin discutió los logros de su expedición. Chiang, quien parecía estar en la cúspide de su poder, preguntó a Hedin por los caminos propuestos en sus mapas y por la situación política en Xinjiang.

La expedición en coche de Hedin costó casi el doble de lo previsto, debido a los retrasos por la guerra civil y su cautiverio en Xinjiang. A pesar del sobrecoste, Hedin fue recibido de forma muy favorable en Nankín. El viceministro de Ferrocarriles aceptó el aumento de los gastos sin oponer ninguna objeción, pagando 40.000 dólares más de los 50.000 presupuestados inicialmente.

El retorno de Sven Hedin de la Expedición Sino-Sueca marcó no el final, sino el comienzo de una nueva fase igualmente monumental en su carrera. Durante las décadas siguientes, el explorador sueco se dedicaría con la misma intensidad que había demostrado en el campo a la ingente tarea de procesar, analizar y publicar una gran cantidad datos acumulados durante aquellos ocho años en Asia Central.

La magnitud del trabajo académico resultante fue extraordinaria. Hedin supervisó la publicación de más de cincuenta volúmenes científicos que abarcaban desde estudios geológicos y meteorológicos hasta tratados arqueológicos y cartográficos. Su obra magna, Reports from the Scientific Expedition to the North-Western Provinces of China, se convirtió en una referencia fundamental para generaciones de investigadores.

El legado de Hedin trasciende, sin embargo, la mera acumulación de datos científicos. Fue uno de los últimos representantes de una era dorada de exploración geográfica, cuando vastas regiones del planeta permanecían desconocidas para la ciencia occidental. Su capacidad para navegar no sólo los desafíos físicos del terreno asiático, sino también las complejidades políticas y culturales de una China en momentos turbulentos, lo convirtieron en una figura notable de la exploración geográfica.

Referencias

History of the Expedition in Asia, 1927-1935: vol.3., Sven Hedin, edición de Folke Bergman.

Comentarios

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José A. Rodríguez

Este fascinante artículo se lee como una novela de intriga y acción. Es trepidante.
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