19 de Octubre 2026 por Daniel Jorge
La carpa del Tarim

Durante mi trabajo en la traducción del tercer volumen de Historia de la expedición en Asia me topé con una foto que me llamó poderosamente la atención:
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En la imagen superior se puede ver a un lopliko (“gentes del Lop”, término con el que se denominaban a los habitantes de la depresión de Lopnor) sujetando a un enorme pescado. Vista con los ojos de un ser humano en el siglo XXI, resulta increíble que, lo que hoy no es más que un área desértica, antaño fuera un ecosistema capaz de acoger a peces de tal tamaño.
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| Mapa de la región de Lop por Folke Bergman (año 1935). En el rectángulo rojo se ha marcado la zona donde Hedin y sus hombres pescaban para alimentarse en su viaje hacia el Lopnor |
Naturalmente, dado que hoy la región del Lop no es más que un desierto, me picó la curiosidad y decidí investigar un poco más sobre qué especie de pez se trataba y el tipo de vida que llevaban los propios loplikos.
El pez en cuestión se llama Aspiorhynchus laticeps, o “carpa depredadora del Tarim”. Fue descrito por primera vez para la ciencia occidental por Francis Day en 1877, en plena efervescencia del Gran Juego.
Con hasta un metro y medio de largo y más de treinta kilos, era el pez más grande de la cuenca del Tarim. Su cabeza alargada, su mandíbula inferior prominente y su boca ancha delatan a un cazador puro. Se encontraba en la cúspide de la cadena alimentaria, y su dieta se basaba principalmente en pequeños crustáceos. Los loplikos lo conocían por varios nombres, entre ellos laqu y minlaj balïq, el “pez de cabeza grande”.
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| El Aspiorhynchus laticeps |
Que semejante animal viviera en un lago rodeado de desierto intrigó a los exploradores de principios del siglo XX, Sven Hedin entre ellos. Veían aguas abiertas, orillas salobres y pocos indicios de vida abundante. Sobre esta carpa del Tarim, Hedin escribió en el tercer volumen de Historia de la expedición en Asia:
En la parte norte del Lop-nor, pues, no corríamos peligro de morir de hambre: había peces y había agua. Pero, ¿de qué se alimentaban los propios peces? No vimos ni rastro de algas u otra vegetación, ni de crustáceos ni de insectos. Quizá el lodo del fondo contuviera alguna materia orgánica que les proporcionara alimento.
La intuición de Hedin no iba mal encaminada. El aparente misterio de la existencia de un pez tan grande en las aguas pocas profundas del Lop Nor tenía su explicación en los cañaverales infinitos de carrizo y fondos de lodo fértil alimentados por los limos glaciares del Tarim. Bajo las cañas, larvas, moluscos y crustáceos diminutos sostenían a peces pequeños, y estos, a su vez, al gigante que coronaba la cadena. Los ejemplares más grandes no hacían ascos a pequeñas aves acuáticas o serpientes de agua que se acercaban a las cañas, en un lugar donde anidaban millones de aves migratorias.
Los loplikos habían aprendido a vivir dentro de ese equilibrio. Navegaban en canoas talladas de álamo del desierto, abrían canales entre los cañaverales para guiar a los peces, tejían sus redes con fibra de cáñamo silvestre y, en invierno, pescaban a través del hielo aturdiendo a los grandes ejemplares con mazos de madera. El pescado se abría, se vaciaba y se secaba al sol sin sal. Con la grasa se hacía aceite para cocinar, alumbrarse y curtir el cuero. El pescado seco servía incluso de moneda con la que trocaban hierro, telas y utensilios con los mercaderes de los oasis. Era una economía entera construida sobre el lago y su gigante.
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| Loplikos pescando carpas del Tarim a golpe de remo |
Después de la visita de Hedin comenzaría el lento pero inexorable deterioro de la región. Desde los años cincuenta, la agricultura de regadío, los cultivos de algodón y los embalses a lo largo del Tarim, el Aksu y el Yarkend desviaron la mayor parte del agua. Las presas cortaron además el aporte del Konche-Darya. El río inferior se secó y entre 1964 y 1972 el Lop Nor se evaporó por completo. Donde antes había cañas, peces y canoas quedó una llanura de sal. Sin agua donde poder vivir, la carpa del Tarim desapareció de su santuario histórico.
Aún con todo, el enorme pez tampoco pudo salvarse río arriba. La fragmentación del hábitat, los caudales alterados, la salinización y la llegada de especies introducidas, como la perca americana, lo han dejado al borde del abismo. Hoy, el Aspiorhynchus laticeps figura como especie en peligro crítico de extinción y goza de la máxima protección en China. Hay programas de cría en cautividad y se sueltan alevines en tramos protegidos del Tarim y del lago Bosten (el Baghrash-köl de Hedin), una segunda oportunidad modesta para un animal que alguna vez reinó en un mar de cañas.
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| Imagen satelital actual de la cuenca del Tarim y Lop Nor, donde se aprecia la extensión desértica |
La fotografía que ha inspirado este artículo nos recuerda que entre las arenas disputadas por los imperios y expediciones había un mundo vivo, y que los ríos de Asia Central sostenían pueblos y peces enteros en un frágil ecosistema. Este es un ejemplo claro de cómo la mano del hombre ha alterado la fisonomía de la geografía para beneficio propio, y con ello, se ha llevado por delante el modo de vida de los pueblos nativos y las propias especies autóctonas.
Referencias
- Artículo de Wikipedia en sueco sobre los loplikos
- Artículo de Wikipedia sobre la “carpa depredadora del Tarim”
- Historia de la expedición en Asia 1927-1935 - Volumen 3 (próxima publicación el 26 de Noviembre de 2026)





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